Prolegómenos sobre ciencia y pseudociencia en Psicología

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autor: Erik Marín C.

Asistimos a una paradoja en la cultura de las sociedades desarrolladas y tecnológicas. Nuestras sociedades están dotadas de sofisticadas tecnologías, nuestras vidas dependen cada vez más de soluciones procedentes de la ciencia y la técnica, pero gran parte de las creencias, elecciones y decisiones de las personas, tanto con estudios como sin ellos, se basa en conocimientos falsos o en supuestos irracionales (González de la Fe, t. 2003).
El incremento actual de las pseudociencias y la irracionalidad, tan manifiesto en los medios, es resultado de un déficit en la distribución social del conocimiento científico a través de la sociedad —un ejemplo de esto es el surgimiento de las propuestas denominadas posmodernas. Allí donde avanza el conocimiento científico sobre ciertas áreas de la realidad, retrocede el pensamiento mágico y pseudocientífico sobre aquellas. El déficit actual es un fenómeno complejo donde intervienen diversos factores y causas. Los medios de comunicación, el sistema educativo y las instituciones científicas aparecen como tres principales agentes sociales implicados en las complejas relaciones entre la sociedad, la ciencia y las pseudociencias (González de la Fe, t. 2003).
Es importante destacar que el incremento de la comunicación social de la ciencia y la divulgación científica por parte de las instituciones científicas, el esfuerzo en la enseñanza de las ciencias y el fomento de las vocaciones científicas y tecnológicas por parte del sistema educativo, junto a la divulgación científica y del pensamiento crítico en su más amplio significado en la opinión pública por parte de los medios de comunicación, son importantes áreas de responsabilidad social ante el auge de la irracionalidad y las pseudociencias (González de la Fe, t. 2003).
A pesar de la educación obligatoria de las ciencias físicas, que explican el mundo de forma aparentemente completa y contrastable, no se ha conseguido extirpar de nuestras sociedades el deseo de “maravillas” y la necesidad de un sentido trascendente para la vida humana. La paradoja es evidente: la mayoría de los occidentales usan la tecnología de consumo pero se resisten a tratar de entender cómo ha sido posible construirla —cuantos de nosotros por ejemplo sabemos a ciencia cierta como funciona la memoria de procesamiento del computador que utilizamos a diario (Campos R., 2000).

Todas las propuestas culturales tienen profundas raíces enterradas en el pasado. La aparente moda de lo “i-rracional” no es más que una subida a la superficie de unos fenómenos sociales que han estado desde el siglo XVIII en el segundo plano al que los relegaba la modernidad racionalista y tecnológica. Esta racionalidad se quiebra fundamentalmente a partir de los años 60 del pasado siglo XX, de tal forma que los “sentidos múltiples” explosionan. El mito de la homogeneidad hace aguas y la autoafirmación individualista se presenta como única salida ante la falta de sentido percibida por todas partes. Los antropólogos ya no necesitan ir a buscar al Otro al África Central o al Amazonas: pueden encontrarlo en su ciudad, en su barrio; los Otros, individuos multiculturales dentro de una sociedad oficial y axiológicamente monolítica sólo en apariencia, crean sus propios valores, rescatan viejas epistemologías supuestamente pulverizadas por la ciencia positivista y muestran su prevención hacia ésta (Campos R., 2000).

Los científicos y otros profesionales interesados en la divulgación de la denominada cultura científica se sorprenden por la persistencia de las manifestaciones pseudocientíficas entre el público y los medios de comunicación. A menudo parten de un presupuesto discutible: la explicación racional de la realidad no lleva aparejadas la aceptación, la tranquilidad vital y el despertar del deseable sentido crítico en el ciudadano normal, ya sea en el medio urbano o rural. Para el creyente, un factor queda pendiente en la cosmovisión científica y su afán divulgador: el ofrecimiento de una meta, un destino o un sentido (Campos R., 2000).

Ante el creciente panorama de actividades que se presentan como portadoras de un conocimiento válido, los profesionales de las ciencias ortodoxas y todas las voces sensibilizadas que se presentan como adalides de la racionalidad, se movilizan para contrarrestar con las mismas armas -las que otorgan los medios de comunicación en particular- la sorprendente presencia de lo irracional en nuestras sociedades. El ejemplo más notorio en este sentido sea el de Carl Sagan, autor de “El mundo y sus demonios” (1996), donde realiza una serena y a la vez contundente defensa de la racionalidad científica (Campos R., 2000).

El pensamiento racional debe reflexionar sobre la personalización de la realidad que lleva a cabo la pseudociencia. La ciencia no debe permitir que el ser humano la perciba inhibida y desinteresada por los aspectos más íntimos de la experiencia humana. Si la ciencia, el pensamiento racional, no ofrece una explicación comprensible y nítida de su método y objetivos, todo un ejército de sustitutos vendrá a llenar el hueco en la cosmovisión pública (Campos R., 2000).

El creciente interés por la divulgación científica se muestra también como una vacuna útil para prevenir la aparición del pensamiento mágico y de las manifestaciones pseudo científicas, pero está por ver que una simple transmisión lineal de conocimientos sea efectiva en la medida deseada (Campos R., 2000).

Pareciera ser que el periodismo actual se caracteriza por un uso indiscriminado de conceptos y metodologías científicas utilizados para proporcionar de una base creible a la llamadas Investigaciones Periodísticas.

Debido, en gran parte, a este desconocimiento de la Ciencia y su método, estamos asistiendo a un auge desmesurado de creencias irracionales y disciplinas pseudocientíficas, que utilizan el prestigio de la Ciencia sin cumplir ninguno de sus requisitos, explotando la credulidad e ignorancia de las personas que por lo demás no están exentas de peligrosidad.

Sin embargo, la ciencia es un actividad humana y, aunque el método científico es el instrumento mas fiable diseñado por la humanidad para conocer el universo, no está libre de fallos. En algunos casos, por empleo inadecuado del método científico o por planteamientos científicos poco rigurosos, se obtiene ‘ciencia débil’. Esta ciencia débil, pobre en sus resultados y que poco o nada aporta a nuestro conocimiento puede ser en ocasiones muy publicitada y, sorprendentemente, puede estar fuertemente subvencionada y ser intensamente apoyada por los poderes públicos, por motivos políticos o publicitarios. En otros casos es el propio investigador quien comete errores involuntarios, que por su obcecación o por ingenuidad defiende como resultados válidos, a pesar de la evidencia en su contra. Y, por último, también hay engaños y fraudes conscientes. En algunos casos el engaño puede estar originados por un error inicial, que se amplifica y acaba transformándose en una farsa, por una confianza personal excesiva por parte del investigador, o por la dificultad que supone el reconocer los errores cometidos. En otros casos, sin embargo, el fraude científico es el resultado de una estafa premeditada desde el principio (Corzo, J. 2002).

A juicio de Lakatos, en toda investigación científica se encuentran anomalías que bajo el prisma falsacionista ingenuo serían consideradas instancias refutadoras, pero, la actitud del científico, normalmente, es pasarlas por alto concentrándose en las posibilidades que le ofrece la heurística positiva de su investigación, confiando que más adelante, a la luz de nuevos descubrimientos, las incongruencias se aclararán (Toledo N., Ulises 1999).

Explicar el entorno ha sido uno de los objetivos de los humanos y que ha funcionado como acicate para la supervivencia y conservación de la especie. Los fenómenos de la psique han sido especialmente atrayentes a la hora de buscar una explicación. Una cuestión distinta es que se tuviera una explicación científica de la misma. Dejando aparte cuestiones sobre criterios de demarcación entre ciencia y pseudociencia, podemos decir que la psicología como ciencia experimental surge en el siglo XIX, considerándose a W. Wunt como el introductor, de forma sistemática, del método experimental en psicología.

A pesar de ello las discusiones y los debates en psicología no han terminado y han dado lugar ya en los dos últimos siglos a varios puntos de vista. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos hablar del estructuralismo, del conductismo y de la psicología cognitiva, aunque también ha habido otros enfoques que han subsistido paralelamente a los paradigmas predominantes en cada momento.

El análisis acerca de la pseudociencia en psicología resulta de vital importancia. Debido fundamentalmente a que se ha ido configurando cada vez más, un sinnúmero de pensamientos “alternativos” que tras la figura de una aparente ciencia pretenden validar las más inverosímiles teorías.

Las pruebas psicologicas por ejemplo desempeñan un papel importante en la toma de decisión respecto al estado de la salud mental del sujeto o población en estudio. Muy a menudo afectando el ingreso de los niños al sistema educacional. Otro tanto sucede con las decisiones en cuanto a la custodia de los hijos, la responsabilidad criminal, y otras determinaciones de nivel similar que consideran el análisis experto del psicólogo. No obstante lo anterior una parte no menor de las técnicas y métodos utilizados por psicólogos no resisten una mirada desde el método científico. Sin considerar siquiera a aquellos “profesionales” que toman vías alternativas —entiendase el uso de tarot, reiki, regresión a vidas pasadas, programación neurolingüística, inteligencia emocional entre otras.

Estudios realizados por los autores del libro Science and Pseudoscience in Clinical Psychology, revelan que muchas pruebas en las cuales los psicólogos confían habitualmente, como el Test de Rorschach, el Test de Apercepción Temática (TAT) no son apoyadas por la investigación empírica. En segundo lugar, los autores explican que incluso las pruebas con evidencia empírica de mayor eficacia, como el Inventario Multifacético de Personalidad de Minnesota (MMPI), de la segunda edición, y el Test de Inteligencia para Adultos de Wechsler Escala Revisada, están administradas a menudo en forma poco precisa o bien anotadas incorrectamente, o utilizadas para las poblaciones o las diagnosis para quienes no han sido determinadas, fundamentalmente errores de estandarización. Este último punto subraya la importancia de no aceptar resultados de pruebas psicologicas sin asegurarse de que estas pruebas se han empleado apropiadamente.

En un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de San Marcos, que tuvo como objetivo conocer las opiniones, actitudes e intereses de estudiantes de medicina frente a la ciencia y la pseudociencia. De un n=173, el rango de respuestas fue de 72%. El 83% señala que la Ciencia es la mejor fuente de conocimiento. El 67% responde que se interesaba por las noticias de ciencia y tecnología. El 76% responde que en los últimos 5 años no habian leído ninguna revista científica o libro de corte científico (más que textos médicos). 13 % responde que la astrología es “muy científica”. Un 40% establece que la astrología es un tipo de “ciencia”. El 50% de quienes respondieron, comparten la opinión que ciertas personas poseen poderes psíquicos. La conclusión obtenida es que el comportamiento y actitud de los estudiantes de medicina frente a la ciencia no es favorable (Peña, A., Paco, O. 2004). Ver estudio anexo

Siendo la Psicología una ciencia de marcada complejidad, surgen a diario visiones que no tienen una base en el desarrollo científico. Ya en su momento Popper apuntó sobre el Psicoanálisis y sus derivados. Cabe aquí mencionar algunas:

Programación Neurolingüistica
Hipnosis y regresiones
Psicoanálisis y sus distintas escuelas
Gestalt
Enfoques humanistas.
Psicomagias
Psicología alternativa
Poder mental
Enfoques constructivistas
Psicología comunitaria constructivista
Psicología educacional constructivista
Inteligencia emocional

Ciencia y pseudociencias es una temática que se debe de profundizar, debido a que está a la base de cualquier desarrollo científico que queramos realizar en psicología. Sin lugar a dudas hoy en día no podemos desconocer la importancia que tiene por ejemplo la neurociencia tanto desde lo teórico como desde la configuración clínica para el desarrollo de la psicología como ciencia. La tarea es larga y no menos dura. Hoy en día la neuropsicología se ha configurado como una base científica en el centro de la psicología, la cual permite fundamentar desde la ciencia dura un enfoque de entendimiento sobre los procesos superiores del ser humano. Será por lo demás importante rescatar planteamientos filosóficos que debaten con altura el problema mente-cuerpo y conciencia —John Searle, Bertrand Russell entre otros.

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Bibliografía

Corzo, J. (2003): Curso de Ciencia y Pseudociencias. http://webpages.ull.es/users/esceptic/ Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de Universidad del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de La Laguna.

González de la Fe, T. (2003): Curso Ciencia y Pseudociencia. http://webpages.ull.es/users/esceptic/. Profesora Titular de Universidad del Departamento de Sociología de la Universidad de La Laguna

Lilienfeld, S. (2003): Science and Pseudocience in clinical psychology. Guildford press, New York, 474 pgs.

Miller, D. (1997): Popper, escritos selectos.

Peña, A., Paco, O. (2004): Attitudes and views of medical students toward science and pseudoscience. Anexo adjunto.

Popper, K. (1962): La lógica de la investigación científica.

Russell, Bertrand (1921): The analysis of mind.

Sagan, C. (1981): El cerebro de Brocca. Editorial Grijalbo, México.

Stanny, A. (2003-2004): Filosofía de la psicología: L´estudi científic de la conciencia. Curso de Doctorado, departamento de filosofía, Universidad Autónoma de Barcelona.

Otero, Edison (2000): Diccionario de epistemología. Corporación de Promoción Universitaria, Santiago de Chile.

Otero, Edison (2000): Ensayos de epistemología. Bravo y Allende Editores, Santiago de Chile.

Toledo N., Ulises 1999. Ciencia y Pseudociencia en Lakatos: La falsación del falsacionismo y la problemática de la demarcación

Elaborado en diciembre de 2005, siglo XXI


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